miércoles, 4 de mayo de 2022

jueves, 11 de noviembre de 2021


Nuevo libro para chicos de 6 y siete años ¡El Monstruo Drigo! No, Rodrigo no, me llamo Drigo.

jueves, 11 de marzo de 2021

viernes, 19 de febrero de 2021

¿Qué esta haciendo el Pipa González en tiempo de pandemia?

 Ya hace más de un año desde que el Pipa González fue a encontrarse por última vez con sus lectores en las escuelas. Ya hace más de un año que a su oficina no llegan sus pequeños clientes demandando la solución de algún caso que solamente el detective de los niños puede solucionar.

Ya hace rato el Inspector guardó su pipa y su lupa en un cajón de su escritorio. Colgó su impermeable y su gorra en el perchero de la sala de espera y se dedicó simplemente a esperar.

Esperar el día en que, bulliciosos, llegarán los chicos para que les solucione un caso.

caso.

Esperar el día en que sus clientes vendrán con golosinas y caramelos para pagar sus servicios.

Esperar el día en que vuelva a ponerse en marcha su cerebro, lleno de deducciones e intuiciones y su corazón rebosante del amor por su trabajo y sus clientes.

Esperar que le toque ponerse la vacuna para vencer al virus.

Sí, el Pipa espera con esperanza el día después de la pandemia para hacer lo que mejor sabe, meterse y disfrutar del mundo de los chicos y chicas.


martes, 2 de junio de 2020


 La espera (un cuento encuarentenado)

-         ¿Cuándo vendrán los chicos? – preguntó la hamaca que de tan quieta que estaba ya se había olvidado que alguna vez se balanceaba de adelante hacia atrás y de atrás hacia adelante.
-          No tengo la menor idea- respondió el tobogán mostrando su lengua larga donde hacía rato no resbalaba ningún chico.
-          Me dijeron que se fueron- se metió intrigante el pasamanos.
-         ¿Adónde van a irse?- chilló el subibaja 
-         Me dijeron que se fueron del mundo- siguió intrigando el pasamanos.
-         No digas tonterías- le salió al cruce la calesita – esas son fake news
-          ¿Qué son qué?- gritaron todos.
-          Noticias falsas, mirá si los chicos se van a ir del mundo
-        ¿Y por qué no vienen entonces?- apuró la hamaca haciendo el máximo esfuerzo por columpiarse, inútil de todos modos.
-        Yo sé lo que digo, se fueron del planeta,  se mandaron a mudar. Así de simple
-          ¿Y cómo se fueron? – la desafió el bebedero, uno de los pocos  bebederos que  todavía quedaban en las plazas de la ciudad.
-        -Eso no me lo dijeron, pero que se fueron, se fueron
-          Claro, en una escoba de bruja- se rió el tobogán.
-         O en un cohete espacial- se burló la calestia
-          O en la cola de un cometa- se recontraburló la hamaca.
-         O aprovecharon  una migración de pájaros salvajes – dijo una de las palomas que ahora eran dueñas de la plaza

Todos se quedaron callados durante varios minutos mirando a las palomas que daban vueltas y vueltas sin encontrar ni una miguita para comer. Pronto levantaron vuelo, todas menos la que había hablado. Se posó sobre la parte alta del subibaja y éste  aprovechó para preguntarle:
-         ¿Qué dijiste?
-         - Que se fueron aprovechando una migración de pájaros salvajes
-          Eso sí tiene sentido- afirmó  la hamaca
-          Eso sí es posible- agregó la calesita
-         -No lo había pensado – reconoció el pasamanos.
-           Así lo hizo el Principito- asoció el tobogán.
Y la paloma levantó vuelo para alcanzar a sus compañeras.
-           ¡¡¡Eyyy paloma!!! ¿Volverán?- gritó la calesita
       La paloma ya estaba lejos.
-          Si no vuelven nosotros no tenemos sentido- se entristeció el tobogán.

Quedaron en silencio. En un silencio más silencioso del que llevaban desde hace setenta días. Un silencio más pesado. Hasta ahora era el silencio que esperaba que un día entraran por la puerta de los juegos atropelladamente un enjambre de chicos. Pero en este momento descubrían el silencio de la no espera, que es un silencio que desespera.

-        -  Mi niño volverá a buscarme-  todos miraron a una pelota que estaba abandonada al lado del arenero, uno de los pocos  areneros que todavía quedaban en los parques de la ciudad -  a mí me olvidó acá justo el día en que cerraron la plaza. Y él vendrá, sí que lo hará.
-          -Y mi niña también vendrá- se sumó el subibaja recordando a esa nena que le gustaba hacer un peligroso equilibrio en su tabla de madera.
-          Y también vendrá mi niño que cada día está más cerca de hacer todo el recorrido por las barras, le falta justo la última, sí claro que vendrá- gritó eufórico el pasamanos.

Y todos empezaron a recordar a esos chicos que se hamacaban parados, se subían al tobogán al revés o se tiraban de cabeza por el tubo caracol.  Ya les parecía volver a escuchar sus risas y sus gritos.
Poco a poco se fueron calmando. Los tomó de nuevo el silencio.
-        -¿Volverán? – murmuró despacito la hamaca.
-         Si el Principito volvió a su asteroide para cuidar su rosa ellos volverán a esta plaza para disfrutar de nosotros- sentenció la calesita
-          Seguro
-          Algún día
-         Pronto.
-   Ojalá
La noche se acurrucó entre los juegos de la plaza.

                                        Juan Pedro Mc Loughlin

martes, 21 de abril de 2020


El detective Pipa González ha debido guardar su pipa y colgar su piloto. No puede recibir la visita de sus jóvenes clientes y no puede percibir el pago por sus servicios en golosinas y caramelos. Esta pandemia lo encuentra como personal no imprescindible. Ve muy lejos que su lugar natural, las escuelas, sean reabiertas. Solo espera pacientemente en aislamiento. Revisa el fichero con sus casos y asea su oficina. Solo le queda esperar y aprender que esta vez no es el  que puede aportar la solución. Sale todas las noches a las 21 hs. a apaludir a los verdaderos protagonistas. Y es tan cuidadoso que sale al balcón con barbijo. 


jueves, 5 de marzo de 2020


Listo para comenzar la temporada de visitas a las escuela 2020. Los hermosos momentos del encuentro con los chicos y chicas lectores. A despertar a los personajes y alistar las lapiceras.



miércoles, 16 de octubre de 2019

RAMIRO EN LA ESCUELA DE LOS PIRATAS

Mi nuevo libro para chicos a partir de ocho años

Ramiro, va  a la escuela "El loro pelado" y le dieron una tarea de Escritura Piratesca contar una aventura en el mar. Pero su suerte va a cambiar durante el fin de semana y será embarcado en la más grande aventura de su vida.......

Ediciones Cántaro. 2019

viernes, 30 de agosto de 2019

Redeos (Robot de mi novela "¿Quién se anima a bajar al sótano?) realizado por un alumno de la escuela Manuel Belgrano de Ituzaingó. Arte, paciencia, tiempo, maravilla.

miércoles, 3 de julio de 2019

Recorriendo las escuelas de la Provincia de Buenos Aires con chicos que leen mis libros editados por Puerto de Palos
Aquí en la Escuela Pública 50 de Pacheco

martes, 28 de mayo de 2019


Segundo Concierto        Break Café       Córdoba 5900

 Concierto  para piano, cuento y poema

Sábado 8 de junio    19 hs    Reservas por facebook

  Pei Damiani                              Juan Pedro Mc Loughlin

lunes, 11 de marzo de 2019

Don Saturnino, el no memorioso


Don Saturnino tenía cuatro bibliotecas  en su departamento. Una por cada una de las paredes de su escritorio. Las estanterías iban desde el piso hasta el techo. Y todas repletas de libros. Don Saturnino los había leído todos. Pero no recordaba el contenido de ninguno. Cada vez que terminaba de leer un libro  le colocaba una cruz en lápiz. Ahí estaban, por ejemplo,   La Guerra y la Paz de Tolstoi con trece cruces  y Las doradas manzanas del sol de Bradbury con nueve cruces. También se podía ubicar a  Cien años de Soledad de García Marquez con diez cruces y El espía de Graham Greene con ocho. A ninguno de los centenares de libros que cubrían las paredes les faltaba una cruz, por lo menos.
 Sus conocidos lo llamaban Don Saturnino, el no memorioso, es que apenas terminaba de leer un libro  olvidaba la trama, los personajes, todo .
Algunos tenían pena porque Don Saturnino, que era habitué en las tertulias de literatura nunca podía hablar de sus lecturas. Iba y escuchaba. Anotaba los títulos sobre los cuales hablaban, después iba a su departamento, buscaba el libro, lo volvía a leer y le colocaba una nueva cruz en lápiz. Y si el libro no estaba en sus estanterías, iba a comprarlo y tenía el gusto de ponerle, al final, la primera cruz. Sí, todos se apenaban por Don Saturnino, al que secretamente aludían como el no memorioso
Pero lo que nadie sabía era que Don Saturnino, al llegar todos los días a su  departamento, después  de una jornada de ocho horas en las oficinas del correo, preparaba una tetera con té en hebras, se dirigía a su escritorio y  recorría lentamente con la vista las cuatro paredes tapizadas de libros desconocidos.  Y ahora sí, con una imperceptible sonrisa en los labios y con el lápiz negro en su bolsillo elegía un libro al azar y se sentaba en su mecedora disfrutando el placer de saber  que tenía todo un mundo nuevo por descubrir.

sábado, 26 de enero de 2019

Pronto saldrán las aventuras de Ramiro en la escuela de los piratas, un niño que admira al legendario Capitán Mediavista



Fin del recorrido 2025 . 5500 chicos Había una vez... palabras mágicas